martes, 7 de febrero de 2017

Heráldica y creatividad


Recientemente me han recordado el blasón que  ideamos en su día para Troncedo y, aunque ya dimos noticia del mismo en esta misma página en aquellas fechas, como han pasado muchos años me ha parecido oportuno volverlo a rescatar.



Sobre un campo cuatribarrado del REINO de Aragón (no equivocarse, que no es de Catalunya), se destaca la torre de nuestro heroico castillo, al que protegen las armas de los troncedanos  valientes y currantes desde tiempos inmemoriales: la hoz y el jadico, que las mayores peleas de los bisabuelos no tuvieron lugar contra sus congéneres de una u otra bandera sino que fueron con la tierra, con las inclemencias naturales y con las rayeras a las que disputaban un pedazo de suelo fértil. No falta en este simbólico e imaginario blasón el  fruto que la madre naturaleza ofrece gentil y gratuitamente para alimento de bestias y humanos en caso de apuro, la bellota,  nombre con curiosa e incierta etimología pues puede proceder de la palabra árabe ballúta o del griego bálanos. Cada uno que especule a su antojo sobre esta última consideración.


No sé si a alguien le puede parecer un atrevimiento ponerse a "inventar" este tipo de símbolos pero, en tal caso y, en nuestro descargo, podemos aportar algunos argumentos. Para empezar, decir que se trata de una ocurrencia simpática de cara a nuestros disfraces medievales del Carnaval de aquel año 2011 en el que queríamos celebrar la intervención restauradora en el castillo. Pasado el tiempo, y viendo que hay quien se lo va tomando "un poquito en serio", parece oportuno añadir alguna otra reflexión; así que, con todo respeto a los historiadores y estudiosos  de la heráldica, creo que a nadie se le escapa que,junto a estudios de mucho rigor, también existen interpretaciones o explicaciones realizadas con "cierta creatividad" (no me atrevo a utilizar el término "invenciones" para no resultar ofensiva). Por citar sólo  un ejemplo, recientemente leía  en el  magnífico ensayo La España vacía, cómo su autor, Sergio del Molino, cuenta que  todas las descripciones relativas al escudo de la mismísima capital del Reino se recogen en crónicas del s.XVIII, siendo que los acontecimientos que relacionan al oso y al árbol que lo constituyen  sucedieron cinco siglos antes, en el XIII y dejando ciertas sospechas de que se trate precisamente de un madroño, especie arbórea que parece que no se ha aclimatado  nunca al clima de la ciudad. Así que si los de Madrid osaron en su día "echarle imaginación" a su escudo, los de Troncedo, no nos hemos quedado atrás ...

Todo lo anterior sin entrar a fondo en el valor representativo de escudos,  apellidos de abolengo, la razón o el sinsentido de títulos y privilegios que tengan carácter hereditario ...porque esa es otra historia. 



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